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domingo, 1 de junio de 2014

Otra forma de ver las cosas

 Vivimos en un mundo en el cual basamos nuestra forma de vivir según lo que ciertas personas con poder nos hacen creer, pero ¿verdaderamente vivimos en una verdad?¿o el mundo es una contínua mentira? Cada cual puede pensar lo que quiera y cada uno creerá una cosa u otra.

  Mentir, es algo que a medida que pasa el tiempo el ser humano, la ha desarrollando para que conforme nos hagamos mayores esa cualidad sea cada vez mejor en el sentido de que cada vez nos cueste menos mentir y hacerlo de forma para que no se note.
   Desde que somos pequeños nos hacen creer que un cierto hombre vestido de rojo y con una prominente barba blanca o tres grandes reyes venidos del lejano oriente, se recorren el mundo en una sola noche para ir a cada una de nuestras casas para darnos unos ciertos regalos que posteriormente ellos mismos con la ayuda de pequeños personajes han creado. Todo esto para fomentar la ilusión, nuestra ilusión. 
   Este es un mínimo ejemplo de cómo podemos encontrar en la situación mas inesperada, una simple mentira. Como esto, en nuestra propia vida solemos mentir, algunas veces de mayor medida y otras veces de forma mas disimulada. No solo el hombre miente durante su vida, sino que también incluso los animales lo hacen para sobrevivir, algunos se hacen los muertos ante una situación de peligro otros hacen creer que son de otra forma, pero de una u otra forma siempre acaban engañando a algo o a alguien.
  
   Por esto, debemos pararnos a pensar si verdaderamente decimos la verdad a lo largo de cada día que pasamos con los demás y si realmente está bien hacerlo o no.

¿Decir la verdad es una virtud?

La verdad es algo que es real y siempre se puede demostrar, sin tener ninguna duda, ya que en el momento que se plantee una sola duda, ya no será una verdad total, ya será una verdad a medias, dando lugar a mentiras.

La verdad puede: la fidelidad a una persona, a una idea....etc. La verdad es tener honestidad, ir siempre con buena fe y ser coherente con lo que se dice.

Las cosas, las personas son verdaderas cuándo son fiables, esto va cargado o unido a muchas cosas.

Siempre, a lo largo de la historia se ha cuestionado "la verdad", pero ¿Qué criterio o qué argumento hay para seguir la verdad?. La verdadera verdad sólo se alcanza con el entendimiento, con la razón, con el diálogo y por supuesto con la propia experiencia que nos da la vida a lo largo de los años. Así, por ejemplo, cuándo vamos teniendo más años, es decir, cuándo ya has madurado tienes o eres más consciente de lo que es la verdad y lo que conlleva la mentira, aunque por muchos años que tengamos y mucha experiencia de la vida, siempre existirá el engaño unido a la mentira y muchas veces a la traición. Por eso, la verdad va unida al corazón y al alma de cada persona.

La verdad siempre nos enorgullece, en cambio la mentira nos puede unir, hundir cómo personas.

Hay que hacerse unas preguntas de: ¿La verdad es subjetiva o objetiva?
                                                           ¿La verdad es absoluta o relativa?

Para mí, la verdad se puede enmascarar y enredar de muchas formas, pero aquí entra la conciencia de cada uno que es lo que no se engaña.

Para los relativistas, la verdad es lo que cada uno considera que es cierto y por tanto hay tantas verdades cómo opiniones, pero esto, hoy día, está desacreditado por los filósofos actuales.

Para mí, diría que desde que nacemos hay algo que aceptamos porque si o por fe, esto va unido a que el ser humano necesita de una verdad superior, porque la verdad terrenal se está desvirtuando cada vez más, pues ya no creemos en los que no gobiernan, no creemos en la justicia y, ¿Por qué ha pasado esto? Pues yo diría porque han perdido la honestidad, los valores, nos han engañado muchas veces y ya no los creemos, estamos desengañados.

Por eso pienso que siendo sinceros y honestos, estamos mejor con nosotros mismos, esto te hace ser feliz y harás feliz a todos los que te rodean.

   

La respuesta depende de ti

Verdad, mentira. Sinceridad, engaño. Son términos con los que convivimos a diario, y en cada acción que llevamos a cabo entran en juego. No hay cosa que hagamos o digamos en la que no nos planteemos si hacerle caso a nuestro “ángel” que nos habla por el oído derecho o a nuestro “demonio” que nos susurra por el otro. Uno nos dice actuar correctamente y el otro dejarte llevar por la mentira para alcanzar tu objetivo. Pero… ¿Es siempre nuestro “demonio” el malo de la historia?

Una cosa está clara, la mentira es una cualidad más del ser humano, y la ponemos en uso para llegar más lejos en nuestro objetivo cuando no funciona la transparencia en nuestras acciones. El engaño se ha convertido hoy en día en un mecanismo muy efectivo, ya que por defecto solemos creer que lo que vemos y oímos es verdad. En las campañas políticas se hace uso a menudo de esto último, aunque eso sería ya meterse en otros temas…

El engaño ha demostrado ser una característica ventajosa. Es algo flexible, se adapta a cualquier circunstancia en la que nos encontremos implicados y nos sirve como escapatoria ante algún problema, anteponiéndolo a decir la verdad, ya que esta podría ser comprometida por algún motivo. ¿Y qué pasa si nos descubren la mentira? Como seres humanos que somos, nos regimos por la ley del mínimo esfuerzo, por lo que preferimos inventarnos otra nueva mentira sobre la marcha a tener que decir la verdad y explicarla. 
Entonces, si recurrimos tanto al engaño (a veces incluso inconscientemente), ¿Porqué lo vemos como algo malo considerándose una costumbre diaria en nuestras vidas? Los individuos mentimos sabiendo que lo hacen nuestros semejantes pero confiando, y consiguiendo buena parte de las veces, que en nuestro caso la mentira consiga su objetivo; pero hay un problema: la mentira deja un rastro de derrota para nuestro orgullo. Además preferimos que nos digan la verdad a que nos mientan, ya que aborrecemos que nos engañen. En definitiva, al mentir herimos nuestro propio orgullo, ya que estamos haciendo lo que no nos gustaría que nos hicieran a nosotros.

Los seres humanos somos de los pocos seres vivos, por no decir los únicos, que podemos resistir nuestros “instintos animales”. La respuesta a la pregunta de si has dicho alguna verdad en las últimas veinticuatro horas depende de nosotros mismos, ya que somos libres en elegir si decir la verdad o recurrir a la mentira. Tú decides. Y es eso, nuestra capacidad de negar nuestros impulsos y decidir por nosotros mismos lo que queremos es lo que nos distingue del resto de individuos.


Compañero Inseparable

El hombre, desde sus principios, ha estado impulsado por una capacidad que posee, la cual se ha ido desarrollando y perfeccionando con el paso del tiempo, la mentira. Esta capacidad no es específicamente humana, también se da en muchos otros seres vivos, no obstante, el progreso de ésta ha sido inmensamente mayor en el ser humano. ¿Somos adictos a la mentira? ¿Realmente es una necesidad? ¿Nos estamos automintiendo?

Mentir está en contra de los cánones morales de muchas personas y está específicamente prohibido como pecado en muchas religiones. La tradición ética y los filósofos están divididos sobre si se puede permitir a veces una mentira (pero generalmente se posicionan en contra).

Por otro lado, si el hombre no la necesitara, no la usaría con tanta abundancia con la que acostumbra. Cuando oculta la verdad, y lo hace con fines malvados, lógicamente, se califica de amoral. Sin embargo, en determinadas ocasiones, el hombre no tiene intenciones escondidas tras la mentira. De hecho, muchas veces lo hace inconscientemente, muchas veces el hombre se engaña a sí mismo. A tal punto ha llegado que, se podría afirmar que el hombre vive con una considerable dependencia a la mentira. 

Un estudio realizado en 2006 por el profesor Carles Bond y la psicóloga Bella DePaulo sacó en claro que la gente tan solo es capaz de diferenciar la mentira de la verdad en un 47% de las veces. El hombre es un ser habilidoso en esta actividad, los sujetos que son engañados, por tanto, solo se percatan de que están siendo engañados aproximadamente en la mitad de las ocasiones.

Estamos habituados al acto de la mentira, el cual es difícil que sea descubierto, de muchos de ellos que nos suceden constantemente, no nos percatamos. De hecho, en bastantes situaciones ocurre que no se percata ni el propio mentiroso. 

Un medio social necesario

 La mentira se ha convertido en un hecho habitual e inevitable y por ello vamos a entenderla como un medio social necesario para el correcto y normal desarrollo de la vida en colectividad. ¿Pero por qué?

 Una mentira es una declaración realizada por alguien el cual sabe o piensa que es falsa total o parcialmente, esperando que los oyentes le crean. La realidad es ocultada y la mentira está en contra de los cánones morales. A pesar de esto es muy utilizada por un simple hecho, es necesaria para la supervivencia e igual que puede provocar desconfianza y desunión, también puede tener el positivo efecto antagónico al mencionado. La manipulación de los medios de comunicación, lo políticamente correcto e incorrecto, "el buen pensante y el buen diciente" son ejemplos de que la mentira se da con gran fuerza en nuestra sociedad. ¿Acaso es negativo mentir a una amistad sobre lo guapo o no que se ve? La "mentira piadosa". La sinceridad y la verdad han sido pautadas y reguladas por la sociedad existiendo un punto de inflexión entre las mentiras que realmente ofrecemos todos los días de nuestra boca y las mentiras que pueden crear dicha desconfianza y romper el bienestar de una relación con los demás. Si seguimos teniendo en cuenta la mentira como un medio de supervivencia debemos hacer mención especial al autoengaño. Se trata de una estrategia mental que permite esquivar la realidad en una inconsciencia deliberada en mayor o menos medida. Así evita asumir consecuencias de los propios actos que realizamos o no ver ciertos aspectos personales o del entorno desagradables. El autoengaño es por tanto otro ejemplo de la mentira como medio de supervivencia que se da por uno mismo pero en consecuencia de la sociedad. La mentira además de ser necesaria es de un carácter evolutivo que nos brinda otra oportunidad más para mantenernos en este entorno que actualmente ha hecho del engaño algo más que habitual. Todos los días traspasamos la verdad y ya sea a nosotros mismos o a otros, damos lugar a no expresar la realidad parcial o totalmente.

 Recogiendo todo lo expuesto, diría que la actual definición tanto de mentira como de autoengaño debiera darse como un rasgo evolutivo del ser humano, que a lo largo del tiempo se ha hecho necesario y ventajoso para su adaptación al medio. Una nueva forma de supervivencia.




¿Se puede conocer la verdad?

¿Qué entendemos por verdad?

La verdad, algo subjetivo, algo que no podemos llegar a tocar, ver, sentir, oir… entonces, ¿cómo sabemos, que algo que nunca hemos podido comprobar con los sentidos, existe?
Pues bien, en mi opinión, la verdad no existe, no solo desde el punto físico, si no porque la verdad, como dijo Hume, es una cuestión de hecho, ¿y eso por qué? Por algo muy simple, porque hay dos tipos de verdad según mi punto de vista:

La verdad que nos favorece: Este tipo de verdad es una verdad que todos buscamos. Esta verdad es lo que siempre buscamos. La que para nosotros, viene con ella la felicidad, porque si alguien te da una buena noticia, es bueno, porque ati te favorece. Y entonces ahí podemos ver que la verdad se rige por el sentimiento, pero, el sentimiento es una cuestión de hecho, y las cuestiones de hechos son probables, porque no hay una verdad eterna, y eso es porque siempre habrá algo o alguien que puede decir lo contrario, pero esa contrariedad, también es probable.

La verdad que no nos favorece: Esta, es la más odiada por todo ser humano, la más evitada. Llegamos a puntos en los que para evitar esa verdad que no nos favorece, o que no les favorece a nuestras personas más cercanas, que mentimos, solo por el hecho de no querer hacerles daño, o también, que es más normal, porque indirectamente nos afecta decirles la verdad. Llegamos también incluso a creer realmente que esa mentira es nuestra verdad, y eso puede crear un trastorno.

Durante muchos años, nuestros antepasados siempre han querido descubrir esa ”gran verdad”, pero, si tantos años persiguiéndola, ¿cómo es que ni los más inteligentes que han pasado por nuestra historia, la han conseguido descubrir?, ¿o ni si quiera acercamos un poco a ella?. Desde mi punto de vista, esa gran verdad nunca ha existido, ni creo que exista, porque esa verdad, nunca se ha llegado a ver para decir que existe, y si no se ha visto, no se sabe que existe, y tampoco se puede conocer.

Otra cosa es, que desde la antigüedad, esa ”verdad” sea en realidad la felicidad inalcanzable, que 
siempre se ha asociado a un ser infinitamente poderoso, que tampoco se ha llegado a demostrar si existe o si no existe. Por tanto, otra cosa inalcanzable, es la felicidad y la verdad, que se pueden llegar a relacionar.

Es decir, en mi opinión, la verdad no se puede llegar a conocer, prácticamente porque jamás ha existido, porque la verdad es una invención del ser humano que se ha ido modificando día si y día también para gusto de la humanidad.

También hay gente que dice que si ves un estuche de color rojo, es rojo, y eso es ”verdad”, pero, ¿y si de pequeño ese color rojo te hubiesen dicho que es verde?. Tu ese estuche dirías que es verde, y entonces, si te dicen que es rojo, sería ”mentira”. Lo mismo pasa con todo, con las matemáticas, física, arte, incluso el amor. No digo que todo sea mentira, ni que un ser superior nos esté engañando. Con esto quiero decir que esa gran verdad, puede ser para unos una cosa, pero para otros otra diferente. Un tema de la actualidad donde se puede ver, es la homosexualidad, porque para unos puede ser ”abominable”, pero para otros lo más normal que puede haber en esta vida.
La forma de interpretar la verdad es muy diferente según la persona.

En conclusión, la verdad no se puede conocer, pero, si se puede llegar a un entendimiento en común de todos los seres que han pisado la faz de la tierra, como que hay día y noche, pero, eso solo es probable, porque no todo el mundo podemos entender igual esa verdad tan vieja como nuestro planeta Tierra. Es decir, la verdad no se puede conocer, desde mi punto de vista

sábado, 31 de mayo de 2014

La mentira cual iceberg

La mentira es, en realidad, algo que está presente en nuestro día a día, no mentimos sólo cada vez que no le decimos la verdad a alguien, sino cada vez que no somos nosotros mismos, que no decimos lo que pensamos o que no mostramos nuestra verdadera forma de ser, eso también es mentir, ya que estamos dejando ver una de nuestras infinitas caras de quita y pon. Con lo cual, es realmente difícil no haber mentido en un día entero.

 La mentira no es algo específicamente humano, la mentira es usada por todo tipo de seres, desde los genes que se copian unos a otros, hasta los camaleones los cuales camuflan su piel. Aunque el ser humano ha llevado la mentira a un nuevo nivel, la mentira humana es extraordinariamente sofisticada, y está tan asimilada en nuestro día a día que la mayoría de las veces que mentimos, no sabemos ni que lo estamos haciendo. Por ejemplo, cuando estás hablando con un profesor y te comportas de una forma especialmente educada, estás mintiendo, no estás mostrando tu verdadera forma de ser, sólo estás mostrando una manera que has aprendido de comportamiento ante ciertas personas, no es tu manera de actuar real. Y, cuando hablamos de mentir a alguien inconscientemente , en realidad, antes que a él, nos engañamos a nosotros mismos creyendo que nuestra propia mentira es verdad, creando una burbuja de mentiras que asemejan una realidad falsa.

Y, ¿cómo podemos saber cuándo nos mienten, o cuándo no? La mentira, como ya he dicho antes, ha llegado a un nivel de complejidad increíble. Hay una media de un 47% de posibilidades de acertar en si alguien está mintiendo o no, es como tirar una moneda al aire, es pura casualidad adivinar y, no sólo eso, sino que hay más posibilidades de adivinar si alguien miente a través del inconsciente. Es esa sensación que te invade cuando crees que te ocultan algo la que el inconsciente nos hace transmite.

Como podemos comprobar, en realidad, la mayor parte de la mentira pasa cada día ante nuestros ojos, y ni siquiera nos damos cuenta, hay veces que lo hacemos sin saberlo y otras que sabemos que estamos rodeados, aunque no queramos relacionar esa sensación de rareza a lo que realmente nos quiere transmitir, la falta de realidad. Y, a pesar de no ser algo únicamente humano, nosotros somos los que hemos llevado a la mentira a un nuevo nivel, a un nivel en el que la parte de nuestro cerebro de la que menos consciencia tenemos, forma una buena parte.

La mentira que conocemos no es ni una cuarta parte de la amplitud de la misma

Mentira Como Moneda de Cambio


Mentir  está a la orden del día. Usamos la mentira como moneda de cambio ante cualquier compromiso y estamos acostumbrándonos a ellas. Pero, al engañar a otro, ¿nos estamos engañando a nosotros mismos?
Cada individuo sabe que todos sus semejantes mienten, cada día que pasa hallamos más habilidad y destreza en el arte del engaño y casi se está viendo como algo normal.
Como dice Feldman: “El engaño ha resultado ser una cualidad ventajosa “. Destacamos que el que engaña tiene la iniciativa, no solo de crear el suceso relativo con la creatividad y flexibilidad que guste en ese momento, sino de obtener una segunda información y ocultársela al su oyente.
Solemos mentir sin darnos cuenta ya que la mentira nos parece tan insignificante que pasa desapercibida en nuestras acciones cotidianas y la asumimos la mentira como argumento vital. Por ejemplo, al peinarnos y echarnos colonia para camuflar nuestro aspecto y olor. Nos creemos lo que olemos o lo que queremos oler, o como decía Feldman , nos creemos lo que vemos o lo que queremos ver y destruimos la información después de captarla.

Hay muchas excusas para usar la mentira, lo cierto es que todo está en  nuestra mente y depende de nuestro propio juicio, aunque estamos convencidos de que sabemos captar cualquier  mentira.  Pero solo seremos capaces de decir la verdad si esa verdad es una defensa a toda costa.

El mundo necesita mentiras

Las mentiras han llegado a tal nivel de aceptación en nuestra sociedad que la utilizamos como excusa para todo. No somos conscientes de las veces que la utilizamos como recurso en la vida real, bien sea para salir de un apuro en el colegio, hacerle una broma a un amigo o para que nuestros padres no nos regañen. No somos los únicos que utilizamos la mentira, la mentira es un recurso de todos los seres vivos, desde los mas pequeños a los mas grandes.

El ser humano al ser lo mas inteligente utiliza por tanto las mentiras, engaños y camuflajes mas complejos llegando al punto en el que nos engañamos a nosotros mismos. Siempre decimos que queremos saber la verdad pero, ¿esto es cierto?. Nos pasamos el día mintiendo pero a su vez suplicando que no nos mienten a nosotros. ¿Si la mentira existe de hace tanto tiempo, no será que la necesitamos? ¿Es una forma de defensa?

La mentira la utilizamos como mecanismo para defendernos en cuanto podemos e incluso nos engañamos a nosotros mismos. Creemos lo que queremos creer, lo que nos conviene, ya sea mentira o verdad y si lo pensamos detenidamente el mundo se a formado a base de mentiras, todos mentimos y casi nunca decimos la verdad, es mas, la mayoría de las veces no acertamos si es verdad o mentira lo que nos dicen. Cuando nos dicen la verdad nos duele aunque necesitemos saberla. Somos felices mintiendo, mentimos a todas horas, mentimos tanto que llegamos a cuestionarnos si hemos dicho alguna verdad en las ultimas 24 horas.

Atajos.

¿Mentimos adecuadamente?

Una mentira es una declaración realizada por alguien falsa en todo o en parte, esperando que los oyentes le crean, ocultando siempre la realidad en forma parcial o total. Es una capacidad social integrada en el ser humano dedicada a mejorar las relaciones con los demás; es una característica para sobrevivir. Es decir, la mentira es una parte de nuestras vidas.No nos van a calificar por mentir bien o mal, o mejor o peor, simplemente tenemos que mejorar la mentira con la técnica. En ciertos casos es mejor mentir o incluso mentirnos a nosotros mismos para poder salvar un situación. La mentira es un atajo vital para el ser humano.

Cuando vamos a una peluquería a cortarnos el pelo mentimos al menos tres veces, la primera mentira es hacia nosotros mismos pensando que todo va a salir bien y como nosotros hemos pensado; la segunda, cuando terminan de cortarte el pelo y tienes que decirle al peluquer@ que está genial y te encanta el corte; y la tercera, cuando llegas a tu casa y te engañas a ti mismo diciéndote que no está tan mal.

Aquí hemos utilizado la mentira como atajo en los tres casos, en el primero nos mentimos diciéndonos eso para no ir de mala gana al peluquero o simplemente no ir, en el segundo caso utilizas la mentira como atajo social para no crear una mala relación con otra persona y en el último caso nos engañamos a nosotros mismos para no pensar continuamente que estamos muy feos con ese nuevo peinado.

Si la mentira fuera únicamente una atajo vital del humano estaríamos haciendo un uso perfecto de ella, es decir mentiríamos adecuadamente, el problema que no podemos olvidar de la mentira es que es una capacidad poco controlable, es algo que muchas veces no podríamos calificar como acción ya que la realizamos inconscientemente. De tal poder es la mentira que podemos vivir en una ficción constante; desarrollar a través de nuestro inconsciente una personalidad, una manera de actuar y unos ideales vitales no propios, influenciados por cosas que vemos, escuchamos o sentimos que son llevadas hasta nuestro interior no consciente.

viernes, 30 de mayo de 2014

El camino que siempre lleva donde queremos


A lo largo de la vida aparecen problemas que ponen nuestro orgullo en peligro, por eso creamos una realidad paralela que la mostramos a los demás como si de la propia realidad se tratase. La mentira es un camino fácil pero la pregunta no es por qué mentimos a los demás, si no por que nos mentimos a nosotros mismos.

¿Que hecho en la vida puede hacer que nos inventemos una realidad tan compleja que nosotros mismos nos la creamos sin darnos cuenta? Muchas veces cuando nos ponen en evidencia nos inventamos cualquier mentira para no herir nuestro orgullo, y en cuestión de segundos, inventamos una mentira tan sumamente compleja que en ocasiones llegamos a olvidarnos de que es más que una mentira, de hecho, tan solo la mitad de las mentiras que contamos o que nos cuentan son descubiertas.

La mentira podría ser definida como una capacidad que aparece con la necesidad de crear nuestra propia realidad para ajustarlas a nuestros conveniencias sin importar si tiene que ver o no con la verdadera realidad. Realmente la mentira es una capacidad positiva que como todo en la vida puede convertirse en algo negativo si se abusa de ella. ¿El que mejor miente mas inteligente es? Puede ser, ¿y por qué no?, inventarse una mentira en cuestión de segundos que se ajuste a tus necesidades y que no desentone con la realidad para que los demás se la crean es un verdadera hazaña digna de un pensador.

El mismo Aristóteles se cuestionó las bases de las mentiras, pero no era algo fácil, es más, es algo tan sumamente abstracto y subjetivo que se hace difícil tan solo de definir o de buscar una patrón que explique lo que nos lleva a mentir o a autoengañarnos con tanta frecuencia.


La mentira es una camino fácil, pero hay que saber recorrerlo sin salirte. Tendemos a engañar y a engañarnos de forma automática para solucionar fácilmente los problemas, pero igual que engañamos, nos engañan, ¿no sería mejor vivir nuestra propia realidad que inventarnos una paralela?

domingo, 26 de enero de 2014

Todoterreno

“Nos acostumbramos a vivir en nuestra casa y a no tener otra vista que no sean las ventanas de los edificios que nos rodean. Y como estamos acostumbrados a no ver más que ventanas y edificios, nos acostumbramos a no mirar hacia afuera.
Como no miramos hacia afuera, nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas. Al no abrir completamente las cortinas nos acostumbramos a encender la luz antes. Nos acostumbramos tanto, que olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos el paisaje.
Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde. A tomar rápido el desayuno porque llegamos tarde. A comer un sándwich porque no tenemos tiempo para comer a gusto. A salir del trabajo cuando ya anocheció. A cenar rápido y dormir con el estómago pesado sin haber vivido el día, porque tenemos que ir a trabajar temprano.

Nos acostumbramos a esperar un “no puedo" en el teléfono. A sonreír sin recibir una sonrisa de vuelta. A ser ignorados cuando necesitamos ser vistos. Si el trabajo resulta duro, nos consolamos pensando en el fin de semana. Y cuando llega el fin de semana, nos aburrimos y deseamos que llegue el lunes para ir a trabajar.
Nos acostumbramos tanto a este estilo de vida, que parece que estamos ahorrando vida por miedo a gastarla, y al final, nos olvidamos de vivir.”

Las personas desde la antigüedad nos hemos ido acostumbrado a todo lo que nos rodea por eso fuimos los únicos homínidos que  hace millones de años empezamos con nuestra evolución y aquí seguimos después de tantos años.
El ser humano es capaz de adaptarse a todo, por muy adversas que sean esas situaciones el ser humano sabe acostumbrarse a ellas y hacer de ellas una rutina, un ejemplo de esto es la experiencia de Viktor Frankl cuando esta en el campo de concentración viviendo en una situación lo mas adversa posible, pero aun con la adversidad de la situación él se acostumbra y lo toma como algo normal.

Por decirlo así, no hay nada que nos pueda parar. Pero… ¿Llegara algún día en el que no seamos capaces de acostumbrarnos a alguna situación? Y si llega tal día ¿Qué pasara? ¿Desaparecerá la humanidad?

¿Por qué temer?

Nuestra vida no es perfecta, ni es a gusto de todos. Todo el mundo tiene problemas, que nos pueden afectar más o menos, pero nos adaptamos a ellos, de una forma u otra; alguna gente los afronta de cara, otros se esconden de ellos, pero al fin y al cabo siguen siendo respuestas a diferentes dificultades.
Fiodor M. Dostoievski dijo sabiamente un día: “El hombre es el ser que se acostumbra a todo”; dejando mucho que pensar. Si tenemos un problema, siempre nos adaptamos a él, ya decidamos o no solucionarlo o aceptarlo. En ocasiones alguien se suicida, y no suele ser una decisión espontánea; cuando alguien se quita la vida es porque le ha ocurrido algo realmente grave, y está eligiendo, está reaccionando a algo. Esto es simplemente un ejemplo, llevado al límite, de que el hombre se acostumbra a todo, aunque cada uno decide cómo hacerlo, según su filosofía de vida. Una persona generosa no responde a un asunto de la misma manera que alguien egoísta. Una persona positiva no va a afrontar una noticia de la misma manera que una negativa, ya sea una nueva buena o mala.
Entender esta breve afirmación con tanto significado nos puede hacer cuestionarnos si sufrir miedo es realmente necesario: ¿Merece la pena preocuparse por cada una de nuestras cargas si al final de todo nos acabaremos acostumbrando a cualquier situación?
Los miedos provienen de la incertidumbre, es decir, de aquello que no podemos o que no sabemos controlar: “voy a suspender química”, “no veo la perspectiva diédrica”, “tengo que hacer el artículo de cmc”, “me aburro”… y así un sinfín de preocupaciones, a las que siempre nos acabamos imponiendo. Esto no implica que las cosas siempre salgan como queramos, pero sí que siempre hay un después para todo, distinto para cada uno según como decidamos entenderlo.

La vida de uno mismo puede cambiar hasta cierto límite, o directamente no cambiar, después de cualquier circunstancia, pero esto es decisión nuestra y las cosas serán como cada uno quiera que sean.

Objetivo: Saber vivir

  ¿Qué sería del ser humano si no tuviera nada por lo que luchar, por lo que esforzarse y si es necesario, realizar algún sacrificio? Viktor Frankl expresa en el título de su obra la necesidad vital del hombre de encontrar sentido a su vida, de buscar razones para seguir viviendo, para alejarnos de una existencia inocua. Entonces, la pregunta realmente es, ¿cómo debemos afrontar nuestra existencia?

  Muchos piensan que lo que le arrebata el sentido a nuestra vida son las desilusiones, las decepciones, los fallos, que hacen sentir al que los sufre el ser más desgraciado. El filósofo austriaco defiende que de estas experiencias debemos extraer enseñanzas, que ayuden a reforzar el sentido de nuestra vida. El hombre vive, se ilusiona, sueña, sin pararse a pensar, sin meditar sobre si lo que hace le perjudica o le beneficia. Por tanto, en el momento en el dejemos de soñar, de imaginar, para abandonarnos a una vida sin emociones, podremos darnos por desahuciados, nos faltarán  ganas de vivir y entonces sí que nuestra vida carecerá de sentido.

  El tema del sentido de la vida ha maravillado al hombre desde siempre y nunca falta aquel que quiere reducirlo a algo esquemático, sencillo y comprensible. Lo cierto es que esto es imposible, no podemos buscar el sentido de nuestra vida en un libro, en internet, ni siquiera en nuestro entorno, cada uno debe encontrar su propio sentido a la vida, de manera individual.

  Para algunos, los términos "sentido de la vida" y "destino" pudieran ser sinónimos, en absoluto es así. Hay grupos de personas que creen que han venido a parar aquí con un objetivo, estos colectivos se dejan dominar por su destino y actúan en consecuencia a lo que éste les dicta. No se nos impone un sentido a la vida, ni siquiera este permanece inalterable en el trascurso de nuestra existencia. Nosotros elegimos qué sentido darle a nuestra vida, porqué luchar y que obviar, por tanto nosotros somos los dueños de nuestro devenir.

  Podemos afirmar que el título que Frankl dio a su obra, es sin duda, la tarea más importante para el ser humano, que bien llevada, nunca se verá concluida y de la que el hombre no puede desprenderse, a riesgo de su propia vida. Prometamos desde hoy trabajar para encontrar un nuevo sentido a nuestra vida cada mañana, que nos impulse a no abandonar nunca, las ganas de vivir. 



Una herramienta para la supervivencia

En las situaciones más adversas, el ser humano es capaz de idear toda clase de trucos y estrategias para superar las adversidades que se le plantean, asegurando así su supervivencia. Una de esas herramientas es el humor.

El humor no es más que una forma de ver la realidad en su lado más cómico. Este se presenta de muchas formas, desde el humor más infantil a la ironía más refinada o al humor más negro. No todo el mundo se toma el humor de la misma forma, y dependiendo del contexto y la situación ese "humor" puede ser algo muy negativo. Numerosos estudios científicos han comprobado que una buena carcajada tiene beneficios para el organismo.

En la obra de Viktor Frankl: El hombre en busca de sentido, el autor nos cuenta su experiencia con el humor durante su reclusión en los campos de concentración de la Segunda Guerra Mundial. Este psicólogo judío describe como entre ellos entrenaban el sentido del humor para tratar de sobreponerse a las dificultades que estaban viviendo en el campo, y establece la siguiente comparación:

[...] el sufrimiento del hombre actúa de modo similar a como lo hace el gas en el vacío de una cámara; ésta se llenará por completo y por igual cualquiera que sea su capacidad. De la misma manera, el sufrimiento ocupa toda el alma y toda la conciencia del hombre tanto si el sufrimiento es mucho como si es poco. Por consiguiente el "tamaño" del sufrimiento humano es relativo. De aquí se deduce que la cosa más pequeña puede originar la mayor de las alegrías.

Está claro que el humor, incluso en su más leve expresión nos permite superar situaciones de mucho dolor. Cuando uno vive un sufrimiento constante, incluso la ausencia de sufrimiento es un alivio completo.
Ese humor macabro, a veces incluso absurdo ayudó a muchos prisioneros a sobrevivir al infierno en el que vivían.


LA ELECCION DE SENTIDO

Según los estudios hablados en clase, en los países más desarrollados es donde más alta es la tasa de suicidios. Parece ser que  existen más suicidios en los lugares donde es más fácil tener de todo que en los que apenas tienen medios para sobrevivir. Esto hace que nos preguntemos, ¿Por qué no se valora la vida cuando tenemos de todo?  y ¿por qué las personas que no tienen nada son las que más motivos ven para vivir? No se trata simplemente de tener o no cubiertas todas nuestras necesidades, sino determinar qué es aquello que nos hace aferrarnos a nuestra vida y seguir con ella día tras día.

“La vida no se mide en minutos, se vive en momentos” (EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON, 2008)

En los grandes países, los más desarrollados, donde conseguir cualquier cosa es relativamente fácil, la vida de estas personas es un cúmulo de relaciones y actividades rutinarias. Una rutina en la que es difícil vencer la inercia y aceptar cambios. En aquellos países más pequeños, en los que las personas buscan cada día como ganarse la vida o como conseguir su propia comida para poder sobrevivir para el día siguiente, es donde de verdad se puede encontrar motivos para seguir adelante, donde cada instante es aprovechado y preciado.

Por ello, no es necesario tener un objetivo claro desde un principio o mantener esa razón durante todo nuestro recorrido, sino tener algo en mente, evolucionar, buscar motivos que nos hagan cambiar de vez en cuando nuestra vida lineal;  pequeños motivos por los que cada día debemos seguir siendo alguien y luchar por ello, apreciar todo aquello que tenemos y disfrutar de los momento que rompen nuestra rutina diaria. Es necesario que vivamos para vivir esos momentos, porque cuando todo se acabe, será lo único que nos quede y lo que de verdad nos importará. 

La verdadera resistencia.

La resistencia de una persona, ¿Dónde reside realmente?, principalmente cualquiera pensara que reside en la parte física de dicha persona, pero también reside en la parte psicología. Ya que una persona podrá aguantar numerosos contratiempos que van dirigidos a sus cuerpos, como golpes, roturas, etc. Pero también hay contratiempos que sufren psicológicamente por vía de insultos y otros métodos.

 Pero, ¿no es cierto que si una persona no tiene un fin por el que aguantar todos los contratiempo que sufre, le será más difícil superarlos o incluso le será más fácil rendirse? Por llego a esta cuestión, ya que hay una posibilidad de que la verdadera resistencia se pueda encontrar más en los pensamientos que en cualquier parte del cuerpo.

Un ejemplo es el de Viktor Frankl, que estando en los campos de concentración, llego a un punto en el que su cuerpo podía no ser capaz de seguir aguantando los trabajos físicos, pero, hubo diversos momentos, los cuales psicológicamente recordaba a su mujer u otro tipo de pensamientos en los cuales le aportaban más fuerza para seguir soportando todo aquello con la esperanza de verla de nuevo y de volver a ser libre.  

Es cierto aquello de que el cuerpo humano tiene sus limitaciones, a las que aun que se tenga una persistencia psicológica, es posible que el cuerpo no llegue a soportarlo y acabe derrumbándose la persona, pero ¿y si fuera al revés?, ¿sería una persona capaz de superar los retos sin una ayuda psicológica? Es difícil de creer, porque simplemente con parase unos instantes en recapacitarlo, qué sentido tendría soportar los sufrimientos de la vida, sin tener ningún objetivo, para eso sale más cómodo rendirse y acabar con todo.

Y debido a lo anterior, la mayoría de personas que están en situaciones en las que sufren continuamente o de una forma usual, tienen un objetivo por el cual no rendirse, un objetivo que es psicológico, que les ayuda a levantarse tras ser derribados y continuar hacia adelante. Por lo que cada uno es libre de decidir a cual aferrarse en esos momentos, lo cual supondrá un rumbo u otro en la vida.

Preguntas sin respuesta

¿Por qué estamos aquí?, ¿Con qué fin vivimos?, ¿Cual es nuestra meta?, ¿Tiene todo esto algún sentido?

Las dudas existenciales, preguntas llamadas así por que nos persiguen en nuestra existencia, sin respuesta posible. Algunos las responden con las religiones ya sea por miedo o simplemente por sentirse más seguros. 
Son preguntas que, seguramente, alguna vez en nuestra vida nos hemos hecho, y hemos acabado confusos. Pero yo no creo que se pueda responder con palabras, se tiene que responder con acciones. Con el día a día. 

¿Qué por qué estamos aquí? Quién sabe, el caso es: Ya que estamos aquí vamos a aprovecharlo y vivirlo como podamos y queramos.
¿Con qué fin vivimos y cual es nuestra meta? Eso depende de nosotros, de cada uno. Cada uno se plantea con qué fin vivir, y cual es su meta.
Para darle un sentido a la vida primero hay que vivirla, errar y aprender de los errores. Hay que buscarlo por muy mal que pinte todo.



"El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida."  Viktor Frankl


Algo a lo que aferrarse

Viktor Frankl hace referencia en su libro a la frase de Nietzsche “el que tiene un porqué para vivir, puede soportar casi cualquier cómo”.

El médico austriaco nos narra en su libro su experiencia como preso en los campos de concentración nazis, donde en muy duras condiciones observa las características y los cambios que sufre la psicología de sus compañeros y de él mismo.

Lo que Frankl viene a decir es que mientras que un hombre le encuentre un sentido a su vida, algo con lo que aferrarse a ella, tendrá más posibilidades de sobrevivir a una situación extrema como era la de los presos en los campos.

Nietzsche en su frase hace referencia a la misma idea, quien tiene una razón por la que vivir puede aguantar casi cualquier obstáculo que se le ponga por delante, ya sea dicha  razón un ser querido, una trabajo inacabado o una causa por la que merece la pena seguir luchando.

Una persona que se encuentre en una situación difícil, por bien que se encuentre físicamente, si pierde la esperanza en alcanzar su objetivo y no le encuentra el sentido a lo que hace está perdida. Viktor Frankl nos lo cuenta desde su horrible vivencia en la guerra, pero esto puede suceder en cualquier ámbito de la vida. Un alpinista que intenta alcanzar la cima de una montaña y se topa con una tormenta tiene dos opciones: perder la fe y el sentido a lo que hace y abandonar, o recordar por lo que está luchando, encontrarle un significado a su causa y continuar. Y así con todo.

Aún así no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros. Esta frase que también aparece en el libro de Frankl, tiene en mayor parte la razón, pero hay un punto en el que discrepo. No es bueno no esperar nada de la vida, ya que el ser humano necesita depositar su confianza en algo y esperar de ello lo mejor. Luego puede decepcionarse o no, pero vive esperando en algo en lo que cree, y eso es lo que le hace seguir adelante.

En definitiva la vida se basa en eso, en confiar en ti mismo, en tus posibilidades, y hallar el sentido a tu existencia, una meta que alcanzar; porque como dice el gran filósofo alemán: si tienes un porqué, no importa lo duro que sea el cómo.

“Nadie tiene derecho a cometer una injusticia, ni siquiera aquel que fue tratado injustamente”

Esta frase representa a la perfección el pensamiento de Viktor Frankl.
Para dar a conocer el sentido de la frase primero hemos de saber lo que es la justicia y la injusticia, empecemos primero por injusticia:
La injusticia es la falta o ausencia de justicia, de bien común y de equilibrio dentro de diversos grupos sociales que pueden ir desde la comunidad toda hasta el sujeto individual. Se refiere generalmente a la ilegalidad, abuso, negligencia o mala conducta que no ha sido corregida, o bien sancionada por el sistema legal o sistema judicial. El mal uso y el abuso puede deberse a un fallo en el ordenamiento jurídico. Si entendemos que la justicia es la búsqueda del bien común y del bienestar conjunto, la injusticia será entonces el beneficio de algunos en pos del perjuicio a otros.
La justicia:
Una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece.
Significa que nadie aunque hayan sido injustos con él no debería de cometer una injusticia, pues se estaría rebajando al nivel del primer infractor con lo cual él también estaría cometiendo una injusticia.
En el libro lo dice por los judíos que estaban junto a él en el campo de concentración y habían sufrido tantas injusticias, aunque la reacción de los presos no es la que habría tenido cualquier otra persona en circunstancias distintas como bien expresa Viktor Frankl con esta frase:
Ante una situación tan inconcebible una reacción anormal es lo más normal.