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domingo, 1 de junio de 2014

¿Has dicho alguna verdad en las últimas 24 horas?

El motor de la ilusión
“¡Han llegado los reyes!” Esta frase sale por la boca de niños emocionados mientras despiertan a sus padres todos los años en millones de hogares del mundo. Y esta frase es una mentira. Una mentira que moviliza todos los años a millones de personas en los lugares más recónditos del planeta. Pero al fin y al cabo, no es algo que le produzca daño y secuelas morales a nadie. Todo lo contrario. Llena de alegría y emoción a los más pequeños, y de ilusión y expectativas las semanas previas por ver cumplidos sus deseados caprichos.
Todos los años escuchamos frases del estilo de “Vamos a bajar los impuestos”, “Vamos a subir el salario mínimo” o “Va a bajar la cifra del paro” en una serie incontable de meetings políticos, que aparecen en la portada de numerosos periódicos nacionales y que resumen el guion de noticias y telediarios. Estas afirmaciones son el resultado de promesas electorales debido a las cuales miles de votantes acuden a las urnas a dar su apoyo a uno o a otro partido político, fruto de la ilusión por una futura situación del país mejor a la actual. Pero todas estas promesas suelen quedarse en un engaño.
Estos ejemplos ratifican que la ilusión en muchos casos suele ser fruto del engaño. No podemos saber si esas promesas de los políticos van a ser realidades en un futuro, pero si tuviésemos que apostar porque van a cumplirse, un razonamiento lógico nos llevaría a no hacerlo.

En cambio, la ilusión que siente un niño en el día de epifanía, su esperanza por convertirse en Cristiano Ronaldo, en Messi o en una princesa, no es comparable con la de un adulto por el cumplimiento de unas promesas políticas. Pero estas fantasías que tanto ilusionan al niño, son un engaño, o al menos en su gran parte, de manera que esta ilusión esta movida y condicionada por la mentira.

domingo, 26 de enero de 2014

¿Por qué temer?

Nuestra vida no es perfecta, ni es a gusto de todos. Todo el mundo tiene problemas, que nos pueden afectar más o menos, pero nos adaptamos a ellos, de una forma u otra; alguna gente los afronta de cara, otros se esconden de ellos, pero al fin y al cabo siguen siendo respuestas a diferentes dificultades.
Fiodor M. Dostoievski dijo sabiamente un día: “El hombre es el ser que se acostumbra a todo”; dejando mucho que pensar. Si tenemos un problema, siempre nos adaptamos a él, ya decidamos o no solucionarlo o aceptarlo. En ocasiones alguien se suicida, y no suele ser una decisión espontánea; cuando alguien se quita la vida es porque le ha ocurrido algo realmente grave, y está eligiendo, está reaccionando a algo. Esto es simplemente un ejemplo, llevado al límite, de que el hombre se acostumbra a todo, aunque cada uno decide cómo hacerlo, según su filosofía de vida. Una persona generosa no responde a un asunto de la misma manera que alguien egoísta. Una persona positiva no va a afrontar una noticia de la misma manera que una negativa, ya sea una nueva buena o mala.
Entender esta breve afirmación con tanto significado nos puede hacer cuestionarnos si sufrir miedo es realmente necesario: ¿Merece la pena preocuparse por cada una de nuestras cargas si al final de todo nos acabaremos acostumbrando a cualquier situación?
Los miedos provienen de la incertidumbre, es decir, de aquello que no podemos o que no sabemos controlar: “voy a suspender química”, “no veo la perspectiva diédrica”, “tengo que hacer el artículo de cmc”, “me aburro”… y así un sinfín de preocupaciones, a las que siempre nos acabamos imponiendo. Esto no implica que las cosas siempre salgan como queramos, pero sí que siempre hay un después para todo, distinto para cada uno según como decidamos entenderlo.

La vida de uno mismo puede cambiar hasta cierto límite, o directamente no cambiar, después de cualquier circunstancia, pero esto es decisión nuestra y las cosas serán como cada uno quiera que sean.

domingo, 15 de diciembre de 2013

PODER TENER PODER

Antiguamente el pueblo era sometido a la voluntad de un rey o emperador, cuya autoridad era incuestionable y de origen divino. La opinión de los no privilegiados era completamente ignorada y menospreciada y todo acto de intento de toma de poder era desechado por la minoría que tenían derechos.

Con el paso del tiempo esto ha ido evolucionando hacía las pasadas dictaduras con origen en el imperio romano, en las cuales gobernaba un dictador con toda clase de privilegios y se apoyaba en un fuerte ejército. Si escuchamos nombres como los de Benito Mussolini, Francisco Franco o Adolf Hitler, nuestro cerebro los relaciona inmediatamente con villanos, con gente que gobernó buscando su propio beneficio pisando los derechos de su pueblo.
No sería hasta la autoproclamación del Tercer Estado en Francia como Asamblea Nacional en 1789, cuando el pueblo se percató del poder que les podía otorgar ser la gran masa, y la capacidad de toma de decisiones que esto les aportaba. Fue el primer paso hacia lo que hoy conocemos como democracia, el sistema político por el cual se rigen la inmensa mayoría de países de nuestro planeta y que es considerado como el más justo hacia nosotros, el pueblo.

A los 18 años de edad se considera que tenemos la madurez necesaria para votar a los representantes que van a elegir como gobernarnos, lo que es el principal precepto de este sistema. ¿Pero realmente podemos elegir quien nos representa?¿Estamos correctamente informados acerca de cómo vamos a ser controlados cuando los partidos políticos hayan conseguido nuestro veredicto?¿Es la democracia tan justa como se pinta?
El término democracia se define como el poder del pueblo, pero a la hora de votar solo tenemos supuestas verdades, promesas de los partidos políticos que hablan sobre un futuro siempre mejor que el que nos asegura el partido rival y un pasado que dicta muchos precedentes. Luego durante el mandato solemos quedar decepcionados  y expectantes del cumplimiento de lo se nos había prometido.

También influye el factor del partidismo por parte de los medios de comunicación, que promocionan indirectamente a uno de los candidatos, intentando poner nuestra opinión de parte de un bando o  del otro, y durante los años de gobierno nos engañan o encubren los fallos del partido gobernante y resaltando los errores cometidos por la oposición, o al revés, dependiendo de quién se muestren seguidores.
Así se siembra la confusión y el descontento en la población al no saber realmente porque nos bajan el salario o se reducen nuestros derechos, reduciendo nuestro sistema al bipartidismo o tripartidismo, y en ocasiones al unipartidismo. Esto provoca que gran parte de la sociedad no consiga ponerse de parte de ninguno de los pocos partidos con capacidad de gobernar su país, lo que deriva en el voto en blanco o la inmigración a otros países.
Se busca la solución en la anarquía o en la vuelta a la dictadura por parte de extremistas mientras que otros se contentan con lo que hay o no se preocupan demasiado por la vida política. A pesar de todo, la democracia se suele plantear como el mejor sistema de gobierno que podemos tener actualmente, teniendo sus opositores y partidarios, y el que mejor favorece los derechos del pueblo.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Aprender o enseñar

Desde el mismo momento en que nacemos ya estamos aprendiendo nuevos conceptos. Nacemos como seres sin conocimiento alguno sobre nada y morimos haciendo grandes aportes a la humanidad, enseñando al ser humano nuevas cosas. Einstein, Galileo o Copérnico entre otros nacieron en las mismas condiciones de conocimiento que nosotros; partimos desde cerDesde el mismo momento en que nacemos ya estamos aprendiendo nuevos conceptos. Nacemos como seres sin conocimiento alguno sobre nada y morimos haciendo grandes aportes a la humanidad, enseñando al ser humano nuevas cosas. Einstein, Galileo o Copérnico entre otros nacieron en las mismas condiciones de conocimiento que nosotros; partimos desde cero, con un cerebro completamente fresco y vacío de definiciones y ecuaciones y con ganas de aprender.
Para los primeros seres humanos les resultaba prácticamente imposible enseñar, ya que no había nada inventado. Solamente podían aprender de ellos mismos, de su imaginación y experiencias, ya que si alguien descubría algo, no podía dar a conocerlo al mundo con tanta facilidad como se puede hacer hoy en día gracias a Internet, a la televisión y las noticias…
Ahora al hombre se le atribuye la labor de aprender, y de compartir conocimientos, muy poca gente descubre algo nuevo, aunque tienen mayor facilidad para dar a conocerlos. Enseñar es algo fácil, a la mano de todos, pero enseñamos cosas que no hemos pensado nosotros mismos, sino conceptos que previamente nos han enseñado, y un claro ejemplo de esto son la mayoría de los maestros. Incluso en asignaturas como filosofía y religión, supuestamente objetivas y dedicadas a hacernos pensar y reflexionar nos hacen pensar y responder a preguntas según un modelo establecido por los grandes pensadores de la historia.
A pesar de esto, todavía podemos realizar ambas acciones: tanto aprender cómo enseñar. Incluso cuando lo que nos preestablece la sociedad es aprender, tenemos las mismas capacidades psicológicas que el resto del mundo, y podemos elegir entre conformarnos con aprender lo que hay y dejar a otros que nos enseñen o mostrarle al mundo que somos capaces de pensar diferente, de buscar conocimientos nuevos y hacérselos aprender al resto.o, con un cerebro completamente fresco y vacío de definiciones y ecuaciones y con ganas de aprender.
Para los primeros seres humanos les resultaba prácticamente imposible enseñar, ya que no había nada inventado. Solamente podían aprender de ellos mismos, de su imaginación y experiencias, ya que si alguien descubría algo, no podía dar a conocerlo al mundo con tanta facilidad como se puede hacer hoy en día gracias a Internet, a la televisión y las noticias…
Ahora al hombre se le atribuye la labor de aprender, y de compartir conocimientos, muy poca gente descubre algo nuevo, aunque tienen mayor facilidad para dar a conocerlos. Enseñar es algo fácil, a la mano de todos, pero enseñamos cosas que no hemos pensado nosotros mismos, sino conceptos que previamente nos han enseñado, y un claro ejemplo de esto son la mayoría de los maestros. Incluso en asignaturas como filosofía y religión, supuestamente objetivas y dedicadas a hacernos pensar y reflexionar nos hacen pensar y responder a preguntas según un modelo establecido por los grandes pensadores de la historia.

A pesar de esto, todavía podemos realizar ambas acciones: tanto aprender cómo enseñar. Incluso cuando lo que nos preestablece la sociedad es aprender, tenemos las mismas capacidades psicológicas que el resto del mundo, y podemos elegir entre conformarnos con aprender lo que hay y dejar a otros que nos enseñen o mostrarle al mundo que somos capaces de pensar diferente, de buscar conocimientos nuevos y hacérselos aprender al resto.

domingo, 10 de noviembre de 2013

El instinto contra la razón

El ser humano es el único ser vivo en la faz de la tierra con capacidad para razonar y pensar premeditadamente nuestros actos. El resto de animales del planeta se dejan guiar por su instinto, una fuerza que guía sus pasos sin pararse a pensar porqué lo están haciendo, que les ha llevado a ello o si van por el camino correcto. Un animal come cuando tiene hambre y duerme cuando tiene sueño. En cambio el ser humano come a la hora de comer y duerme a la hora de dormir, porque nuestro cerebro ya lo ha asimilado como algo habitual.
El instinto es la fuerza guiada por el corazón, y la capacidad de razonar es controlada por el cerebro. Estos son los dos motores de nuestros actos, que la mayor parte de las veces se contraponen y nos hacen elegir entre lo que es correcto según nuestro criterio y lo que realmente queremos y deseamos. Porque lo que el corazón nos pide muchas veces no concuerda con lo que nuestro cerebro nos ordena, ya sea porque no está bien visto o porque no es lo que se espera de nosotros.
Podemos desear una cosa desde lo más profundo de nuestro corazón, querer hacer lo que nuestro cuerpo y nuestro instinto nos piden, aunque no sea lo más correcto ni aparentemente lógico, y el cerebro siempre va a estar ahí para recordártelo.
La relación que mantienen el cerebro y el corazón es comparable a la que tiene un hijo con sus padres, que nos insisten en que hagamos lo que ellos creen que es lo mejor para nosotros, pero nuestro corazón no nos pide eso, nos pide que hagamos lo que realmente queremos, y pensamos que nuestros padres nunca van a llegar a entendernos y comprendernos.

En definitiva, aunque la razón y los sentimientos no se entiendan, es necesario ser capaces de razonar las cosas, tener inteligencia, porque esto es lo que nos diferencia de los animales, pero también hace falta querer hacer algo, con el corazón, porque si no solo seriamos maquinas bien hechas.

martes, 8 de octubre de 2013

¿Por qué nos vestimos?

Nos vestimos para identificarnos

Nuestra especia lleva vistiéndose y usando ropa desde hace cientos de miles de años, pero solo la usábamos para protegernos del frio que azotaba la Tierra en esa época. Por aquel entonces la ropa no se acercaba ni por asomo a lo que hoy en día conocemos con el mismo nombre. Era un simple trozo de piel de animal que se utilizaba a modo de abrigo para poder defenderse de las gélidas temperaturas de la Prehistoria.
A día de hoy no nos planteamos llevar ropa porque haga frío, y por mucho calor que haga nadie que esté cuerdo sale desnudo a la calle un día normal y corriente. ¿Pero por qué no? Alguien que sale a la calle como Dios lo trajo al mundo no recibe otro apelativo que loco. Porque es algo que damos por hecho, ya que por costumbre, por rutina, lo consideramos como un acto común y lógico, ya que el ser humano se viste desde tiempos inmemorables y es algo que está ya preestablecido.  
También existe el pudor, la vergüenza a que los demás nos vean desnudos, tal y como somos, los complejos. Pero en la actualidad no nos vestimos solo por eso. Llevamos ropa de nuestros cantantes y grupos de música preferidos, de marcas que nos gustan, ropa más cara o más barata, distintos atuendos y complementos… ¿No nos bastaría vestirnos porque si no sería muy complicado sobrevivir al invierno? No, porque todo individuo en esta sociedad necesita sentirse identificado con un grupo de gente que tiene los mismos gustos que él. Necesitamos sentir que hay gente como nosotros, gente que tiene nuestra misma ideología y pensamiento. Una de las funciones vitales del ser humano es la relación, y para hacerlo no podemos estar solos, es mucho más fácil si tienes un grupo de amigos con las mismas preferencias que tú, a los que os gustan las mismas cosas, y esto viene expresado en parte en la ropa. ¿A caso no llevan los alumnos de distintos colegios uniformes diferentes?  ¿Es normal ver un grupo de gitanos barriobajeros que visten ropa barata y de mercadillo juntarse con un grupo de niños de papá que visten caro y de marca, y que podrían comprar todas sus posesiones con el precio de su abrigo nuevo? No, y esto por suerte o por desgracia es así.
 Al fin y al cabo la ropa ha acabado siendo una herramienta social, un distintivo de estatus, que separa a las personas en distintos grupos, pero que también nos ayuda a relacionarnos con gente que tiene los mismos gustos que nosotros y puede llegar a ser algo que nos facilite o dificulte la vida en distintas ocasiones, como prácticamente cualquier otro descubrimiento en la historia de la humanidad.